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¿Cuántas veces hemos ido a la playa o a la piscina, y cuántas veces nos han dicho que no podemos bañarnos hasta pasadas las dos o tres horas porque si no íbamos a tener un corte de digestión y nos íbamos a ahogar?
¿Cuántas veces se lo hemos repetido a nuestros hijos o sobrinos y nos han mirado con una mezcla de entre pena, súplica y derrota?

Es duro enterarse de que en realidad, nos podíamos haber ahorrado unas cuantas horas de aburrimiento aunque probablemente a los adultos que estuviesen al cargo de nosotros no les habría gustado ahorrarse esas horas de plácida siesta para vigilarnos mientras nos salían ancas de rana de tanto estar a remojo.

 

¿Qué hay de realidad y de mito en el temido “corte de digestión»?

La realidad es que hay una confusión acerca de la verdadera causa por la que se produce lo que popularmente llamamos corte de digestión, o en otras palabras, hidrocución, que es como realmente se llama y que es lo puede alentar el que nos ahoguemos.

La verdadera causa del corte de digestión paradójicamente no tiene nada que ver con la digestión, sino que se trata de una reacción de nuestro cuerpo al producirse una diferencia de temperatura repentina entre nuestra temperatura corporal y el agua. Por ese motivo se puede producir en cualquier lugar, siempre y cuando nos zambullamos de golpe en un agua demasiado fría y es por ende es indiferente que tengamos comida en el estómago o no ya que no es la causa de esta reacción.

El comité de científicos asesores de la Cruz Roja Americana publicó en 2011 en la Revista Internacional de Educación e investigación Acuática, una reseña en la cual recopiló diferentes estudios y publicaciones, escritos desde los años sesenta hasta la fecha de publicación del artículo, que investigaban si influía realmente o no el hecho de nadar con el estómago lleno con el corte de digestión tal y como lo hemos oído siempre, concluyendo que nadar con el estómago lleno no produce síntomas de hidrocución.

Así mismo citan en la misma publicación otras fuentes que tratan el tema de la prevención de ahogamientos en niños, en las cuales no se asocia ni menciona como factor el comer antes de bañarse con el hecho de ahogarse.

No obstante, es de sentido común pensar que si hemos comido excesivamente y nuestro estómago está demasiado lleno, igual no sea la mejor idea meterse a una piscina a hacer largos, del mismo modo que no se nos ocurre estando empachados salir a correr cinco kilómetros ya que podríamos vomitar.

 

Conociendo un poco más a la hidrocución

Como hemos visto, la hidrocución ocurre cuando nuestro cuerpo entra en contacto repentino con un agua que está demasiado fría para nosotros en ese momento. Esta diferencia de temperatura se acentúa si hemos estado tomando el sol, haciendo ejercicio intenso o pasando calor, algo muy común en todos nuestros veranos.

 

Cuando se reúnen las condiciones y saltamos por ejemplo a una piscina, el contraste repentino de temperaturas provoca lo que los médicos llaman reflejo inhibitorio vagal, que desemboca en una parada brusca de las funciones cardio-respiratorias.

Es decir, sufrimos un choque térmico que provoca que nuestros vasos sanguíneos se constriñan, inhibiendo la respiración y la circulación momentáneamente y haciéndonos perder la consciencia durante unos instantes. Esto es muy peligroso al encontrarnos dentro del agua. La gravedad de la hidrocución varía de una persona a otra.

En ciertos casos dependiendo de las patologías de la persona, o de si ha ingerido drogas o alcohol en exceso, así como si toma ciertos medicamentos, la hidrocución puede causar una muerte súbita, ya que entre otras cosas este evento altera el ritmo cardiaco.

Una vez más, es de sentido común entender que si una persona se baña muy ebria o bajo el efecto de las drogas, corre un riesgo alto de ahogarse por otras complicaciones sin necesidad de sufrir una hidrocución.

Aunque esta reacción del cuerpo ante el agua fría puede parecer desmesurada, es un mecanismo de emergencia que trata de defendernos del frío, con el fin de evitar que perdamos calor corporal y así no se dañen nuestros órganos vitales. El ser humano necesita mantener una temperatura constante de entre 35 y 37 grados para que todo funcione correctamente, por lo que el cuerpo en casos extremos reacciona con intensidad y prioriza qué proteger, aunque eso mismo sea lo que nos pueda llevar a la muerte en algunos casos.

 

¿Cómo podemos evitar sufrir una hidrocución?

La clave está en minimizar este choque de temperaturas. El objetivo es aclimatar poco a poco el cuerpo al agua donde nos vamos a meter y hay que evitar sumergirnos de golpe por muchas ganas que tengamos.

Esto es crucial y ganamos en salud con tan solo dedicarle un poco de nuestro tiempo, ahorrándonos disgustos. Después de todo, una vez que nuestro cuerpo esté aclimatado podremos zambullirnos como queramos.

Independientemente de donde nos encontremos, debemos ir mojando nuestro cuerpo hasta que estemos preparados para meternos de cuerpo entero sin que suponga ello un cambio brusco de temperatura.

Si nos encontramos en una piscina, podemos mojarnos primero en la ducha y posteriormente introducir los pies en el agua de la piscina, así como refrescarnos la nuca y las muñecas para poco a poco introducirnos en el agua.

En la playa podemos aclimatarnos en la orilla del mismo modo hasta que nos sintamos lo suficientemente refrescados como para entrar al mar.

Es muy importante que enseñemos a los más pequeños cómo hay que meterse en el agua cuando hace calor y por qué, del mismo modo que les enseñamos otro tipo de medidas de seguridad ya que aunque pueden ocurrir accidentes, los accidentes se reducen si los niños reciben consejos que pueden razonar y comprender. Con estas simples precauciones, nos aseguramos de que todos podemos bañarnos sin temor a sufrir una hidrocución.

Y hablando de temores… ¿Sabrías qué hacer si mientras estás bañándote en el mar, una corriente de resaca te alejase de la playa?

 

Cómo salir de una corriente de resaca

 

Estás tranquilamente en el agua y cuando te quieres dar cuenta la corriente te está alejando de la orilla. Los nervios te empiezan a invadir y quieres regresar nadando pero te das cuenta de que no puedes nadar a contracorriente. ¿Qué puedes hacer?

 

Lo primero es lo primero. ¿Qué es una corriente de resaca?

 

Cuando el terreno de la playa y el mar reúnen ciertas condiciones, es posible que se produzca el efecto que conocemos como “resaca ”.

La resaca no es más que una corriente de agua que fluye superficialmente y con rapidez desde la orilla hacia el mar. Puede originarse en diferentes puntos de una playa, los cuales además tienen posibilidad de cambiar de posición de un día para otro según el tipo de terreno y condiciones marítimas.

Cada vez que una ola rompe y muere en la orilla, el agua siempre busca retroceder de nuevo hacia el mar usando el camino que menos resistencia oponga. Si el terreno lo favorece volverá verticalmente a través de un canal formado entre las olas. Ésa es la corriente de resaca que podría atraparnos sin que nos diésemos cuenta, ya que no siempre es fácil de identificar cuando no estamos en una posición elevada.

No obstante no debemos pensar que esta corriente nos va a alejar kilómetros y kilómetros de la playa, sino que nos va a abandonar flotando detrás de la zona en la que las olas crecen en altura y rompen.

Hay diferentes factores que pueden propiciar este tipo de corriente, como por ejemplo puede darse la resaca si el terreno bajo las olas es irregular, o también si las olas chocan entre sí en ángulo produciéndose la succión entre ambas.

Las playas de arena que son muy comunes en España, son moldeadas todos los días por la marea por lo que una corriente de resaca puede estar un día en un lugar y otro día en otro diferente. En muchas playas de Galicia, Cádiz o Almería, a causa de sus geografías, las resacas son muy comunes y caprichosas, siendo el motivo de muchos ahogamientos durante todo el año.

Las corrientes de resaca pueden ser especialmente peligrosas si el mar está agitado ya que nos puede desorientar y dificultar el mantenernos a flote y pedir auxilio.

 

Medidas básicas de seguridad

Aunque siempre debemos obedecer la bandera roja de una playa y no bañarnos bajo ninguna circunstancia, podemos tener mala suerte y vernos atrapados en una corriente de resaca. Existen playas que no tienen socorristas y por ende no hay ninguna bandera que nos pueda avisar del peligro.

Sobra decir que si no somos profesionales, igual no sea la mejor idea bañarnos en una playa sin socorrista y mucho menos si no conocemos dicha playa. Sea cual fuera la circunstancia que nos llevase a bañarnos, debemos contar siempre con algún tipo de flotador o tabla y alguien que se encuentre fuera para que si nos vemos en algún aprieto, pueda llamar al número de emergencias 112 y pedir auxilio.

Además, es útil que nos informemos sobre la zona que queremos visitar para saber las características y posibles peligros de dicha playa, pudiendo evitar así más de un disgusto.

¿Cómo detectar las corrientes de resaca?

Aunque a veces no son fáciles de detectar a simple vista desde la arena, sobre todo si no tenemos práctica, podemos fijarnos en dos detalles que nos pueden ayudar a localizar una corriente de resaca. Cuanto más elevado sea el terreno donde nos encontremos, mejor se visualizan.

    • Vemos una zona en aparente calma entre el oleaje. Al mirar hacia el mar, un segmento del agua parece más calmado o tiene olas muy pequeñas, diferentes al resto y sin apenas espuma.

    • El agua está turbia solo en la franja en la que el oleaje es diferente al resto. Al regresar el agua hacia el mar, si la playa es de arena frecuentemente arrastrará sedimentos con ella que enturbiarán la corriente. Esto no siempre es visible.

 

¿Cómo actuar?

Lo más importante es intentar mantener la calma y entender que al tratarse de una corriente superficial, no nos va a succionar hacia abajo ni tampoco nos va a llevar mar adentro. La mayoría de la gente se ahoga al intentar nadar a contracorriente y de este modo es imposible regresar a la orilla. Lo único que conseguimos es cansarnos antes de que nos puedan rescatar y rebajar las posibilidades de salvarnos si nadie estuviese en la playa para ayudarnos.

 

Por lo tanto, si estamos en la orilla:

    • Tan pronto como veamos a alguien atrapado en esta situación, debemos llamar la atención de los socorristas
    • En caso de que no haya socorristas, llamaríamos al 112. No debemos introducirnos en la corriente.
    • Si tuviéramos algún tipo de flotador o tabla, podríamos tratar con cuidado de enviarla por el agua hacia la persona (si ésta no tuviera ya algo a lo que sujetarse) con el fin de que pueda flotar con más facilidad mientras espera el rescate. La corriente sola se encargará con facilidad de transportar lo que le enviemos, no necesitamos acercarnos más de lo necesario.

Si nos encontramos atrapados por una corriente:

    • Mantenemos la calma y permitimos que la corriente nos desplace hacia el mar.
    • Una vez notemos que la corriente ha dejado de empujarnos, nos encontraremos en una zona en la que tenemos posibilidad de flotar en el sitio.
    • Si tenemos cerca de nosotros algún objeto que flote, nos sujetamos a él.

En el caso de que estemos en una playa con socorristas o gente que pueda pedir auxilio, una vez nos encontremos flotando, agitaremos un brazo para llamar la atención y usaremos la voz si hay dificultad para que se fijen en nuestra posición.

Cuando seamos vistos se iniciará el rescate por lo que la prioridad es aguantar el mayor tiempo posible flotando, ya que si nadásemos o tratáramos de volver por donde hemos venido nos agotaríamos y sería entonces cuando nos ahogaríamos de verdad.

¿Cómo salimos si estamos solos?

Si se diese el caso en el que estuviésemos solos, necesitaremos seguir los siguientes pasos para salir del agua con éxito.

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  1. Nos mantendremos a flote y dejaremos que la corriente nos lleve hacia dentro.
  2. Una vez nos suelte, nadaremos en paralelo hacia un lado u otro lo suficiente para alejarnos del punto en el que se produce la corriente de resaca.
  3. Llegará un momento en el que notaremos que la corriente en vez de fluir hacia dentro nos comienza a desplazar en dirección a la playa. Es entonces cuando seguiremos esta corriente y nos introduciremos en la zona de olas, encaminándonos hacia la orilla.

 

En este último punto, el propio mar favorecerá el devolvernos hacia la playa ya que esa es la dirección que lleva el oleaje por donde trataremos de salir. Siguiendo estas instrucciones, si todo va bien podremos salir del agua sin ningún incidente.

En el mundo del surf, las corrientes de resaca son un fenómeno con el que necesitan convivir pudiendo en algunas ocasiones ser de utilidad. Cuando las condiciones son adecuadas, en algunas ocasiones los surfistas las intentan aprovechar para situarse en la zona de rompiente, que es la zona de olas, usando el mismo mecanismo que acabamos de aprender.

Nota de Media2: Es conveniente llevar siempre un seguro que nos cubra cualquier incidencia que podamos tener en nuestras vacaciones, para eso estamos los profesionales, para qué descanséis tranquilos.

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