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¿Cómo debería ser la desescalada?

¿Se están haciendo bien las cosas o vamos a ciegas?

 

Nuestro país se está preparando para recuperar la normalidad y la vida cotidiana en la medida de lo posible, dadas las circunstancias. Después de todo este tiempo de confinamiento y cierre de negocios y empresas, el gobierno, como ya sabemos, ha anunciado cuatro fases de un plan estratégico de desescalada.

Indudablemente la pandemia del COVID-19 va retrocediendo, tanto en contagios como en defunciones, y con un claro ascenso en las cifras de personas que se les han dado de alta después de sufrir el terrible virus, y ello ha llevado a afianzar las bases de lo que será el fin de una cuarentena que todavía no nos acabamos de creer.

Pero el plan que se nos ha indicado desde el Gobierno de la Nación muestra innumerables dudas a la hora de aplicarlo al faltar fechas, lugares y circunstancias concretas de cada territorio, para poder avanzar en cada fase.

Es un plan gradual y también asimétrico debido a las distintas situaciones de cada parte del territorio nacional. Europa, a su vez, diseña una nueva normalidad y sus gobiernos trazan la línea de sus propias desescaladas.

 

¿Nos recuperaremos pronto de este varapalo o tendremos otra crisis de años?

 

Fase 0: Preparación

Esta primera fase ha consistido en la apertura de algunas actividades económicas, como bajos comerciales y locales con cita previa tales como peluquerías o restaurantes con servicio de envío, o comida para llevar, etc; y la reincorporación gradual de los trabajadores a sus puestos de trabajo, aunque el teletrabajo ha continuado siendo la opción elegida por muchos trabajadores que podían acogerse a ello.

Todos los locales que van abriendo, muchas veces dependiendo de la previsión de posibles ventas, deben contar con elementos de protección, tanto para los trabajadores como para los clientes, como mamparas, mascarillas, geles, guantes, etc; y han de tener establecido un horario de atención preferente para personas mayores de 65 años.

Nuestros mayores ya pueden salir a dar sus paseos junto con las personas con las que conviven, al igual que los niños menores de 14 años, que pueden disfrutar de la calle acompañados de un adulto o hermano mayor. Siempre, con las normas de distanciamiento y seguridad que deben prevalecer.

Por otra parte, se puede realizar actividad física de forma individual siguiendo unos horarios y sin salir del termino municipal, en los municipios de menos de 5000 habitantes. En los demás países europeos esta medida ya estaba adoptada como una excepción al confinamiento.

 

Fase 1: Inicio

La fase 1 o también llamada inicial, a la que han pasado varios territorios cuyos contagios han caído sustancialmente, llega con permisos en lo referente al contacto social en grupos reducidos de personas que no sean vulnerables o que no tengan patologías previas. También se permiten reuniones con un límite de personas.

Con ello, se produce la reapertura del pequeño comercio, indicando una serie de medidas concretas en materia de seguridad e higiene, un horario específico para los mayores de 65 años y la limitación del aforo a un 30%, con la excepción de las grandes superficies, que no podrán abrir sus puertas de momento. Incluso los ayuntamientos pueden decidir si reanudan los mercados al aire libre.

Incluso las terrazas de bares y cafeterías vuelven a tener clientes cuidando la norma del 30% de aforo y la distancia social, además de las de cualquier negocio abierto al público.

Retornan también a la actividad los alojamientos turísticos con la imposibilidad de utilizar zonas comunes donde pueda surgir algún riesgo de contaminación y contagio.

En lo referente a la cultura, vuelven a abrir las bibliotecas y los museos, como la celebración de espectáculos en lugares cerrados, lógicamente limitando el aforo a un tercio de capacidad y los que se dan al aire libre con una limitación de 200 personas.

Otro añadido importante para nuestra economía es la apertura del turismo activo y de naturaleza destinado a grupos limitados.

Los lugares destinados al culto religioso también pueden abrir con la norma del tercio de su aforo y pueden realizar entrenamientos los deportistas profesionales y ligas.

Fase 2: Intermedia

Esta es una fase muy deseada ya que se permitirán los viajes a segundas residencias si se encuentran en a misma provincia y se podrán celebrar bodas con un número limitado de invitados.

La hostelería verá la luz con la apertura de restaurantes y cafeterías aunque con un tercio de su aforo.

Algunos centros educativos podrán abrir si cumplen determinadas condiciones como que se pueda justificar que los padres, de los niños menores de seis años, deban acudir a trabajar; que el objetivo de esta apertura sea para actividades de refuerzo, o para la EBAU.

También abren los centros comerciales y parques pero no así las áreas recreativas.

Y por último, los teatros, auditorios y cines deberán abrir con la limitación del tercio del aforo como condición.

 

Fase 3: Avanzada

La que todos esperamos que llegue algún día porque será como volver a nuestra vida anterior a la aparición del COVID-19, aunque con restricciones que acortarán nuestras libertades y con el hándicap del distanciamiento social.

Los negocios, lugares públicos, celebraciones y actividades  dejarán la limitación del tercio de capacidad y pasarán a la mitad.

Podremos ir a disfrutar de las playas y del verano con ciertas normas de distanciamiento social, lo que traerá innumerables problemas con el turismo.

Los espectáculos al aire libre ya podrán acoger hasta 800 espectadores. Además parques temáticos y plazas taurinas ya podrán abrir.

Los medios de transportes públicos volverán a funcionar al 100%.

 

¿Cómo va a ser la desescalada y cómo debería ser?

La desescalada será gradual y dependerá de las tasas de contagio de cada comunidad autónoma. Entre los indicadores que se tomarán en cuenta para cambiar de fase figuran la capacidad de los sistemas sanitarios, como el número de camas de UCI disponibles, y las nuevas cifras sobre el contagio del COVID-19. Entre las distintas fases, debe haber al menos dos semanas en las que se analizarán estas condiciones y circunstancias de cada territorio.

 

Levantamiento de las restricciones por el coronavirus

Parece ser que el gobierno pretende con este cúmulo de medidas, llevar la lucha contra el coronavirus a un «tira y afloja», dependiendo de la capacidad de recuperación o asimilación de los golpes que nos quedan por recibir del virus.

Si redujéramos este proceso a dos meses, podrían seguir existiendo casos asintomáticos que seguirían contagiando a todo su entorno social y los casos positivos ¿repuntarían a cifras cercanas al comienzo?, o ¿aguantaríamos mejor la embestida ahora que ya sabemos la virulencia con la que golpea y nuestros sanitarios están más prevenidos y equipados?.

Desde luego que si la apertura se produce cuando la mayoría de sujetos aislados están ya recuperados, el número de infectados por Covid-19 no experimentará aumento significativo. Según el simulador matemático, parece ser que tendrían que pasar unos 100 días para que esto ocurra.

Según los expertos, España debe tener como prioridad evitar que se produzca de nuevo el colapso en nuestro sistema sanitario para evitar la perdida de vidas, y posteriormente y de forma gradual ir acabando con la pandemia y dar tiempo a que se vaya produciendo la famosa «inmunidad de rebaño».

Los gobiernos de todo el mundo parece que van en una línea parecida, aunque con distintos matices –algunos demasiado positivistas–, y apuestan por alternar la aplicación de las restricciones y su consiguiente relajación hasta que por fin se halle la ansiada vacuna que lo «arregle» todo. Todo ello a un precio, económico y social, razonablemente aceptable, percatados del desastroso alcance que podía haber llegado a tener.

Efectivamente, cada país debe trazar sus líneas de actuación en consonancia con sus medios sanitarios y su fortaleza y voluntad combativa ante el virus. En esencia, hay que salvar a la población pero también proteger la economía ante un parón que va a dañarla enormemente.

Todos imaginamos que pasados los meses estivales puede volver una segunda ola con un rebrote del virus ante el que debemos estar preparados y tener ajustadas las medidas de las que dispongamos, en la mayor medida que podamos, y para ello hemos de tener un control más preciso de la situación real de la pandemia y de su capacidad de propagación.

El gobierno central y las comunidades pretenden –estas con menor poder de decisión de lo que desearían– definir con la mayor certeza posible la evolución de salida del confinamiento después de haber pasado lo peor de la pandemia.

Desde el poder central se pretende hacer gradualmente lenta sin embargo desde casi todas las comunidades pretenden acelerarla para aprovechar la temporada veraniega y de turismo. Pero para ello, primeramente tendrán que cumplir los requisitos básicos dependiendo de las camas hospitalarias y de UCI que tengan disponibles además de la tasa de contagio.

Por ello debemos hacer bien las cosas para no recaer en los mismos errores que nos han llevado a este descalabro de gestión de la pandemia.

Tal y como apuntaban fuentes del gobierno «Se trata de unos parámetros que se están analizando a nivel nacional como internacional. Hay que estudiar bien, antes de iniciar el levantamiento de las medidas, cómo evoluciona la epidemia y cómo de preparados estamos para responder en caso de que las medidas supongan un incremento de casos no deseable», afirmó el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón.

Los epidemiólogos y expertos en Salud Pública pretenden que para iniciar la desescalada en una comunidad, la tasa de contagio (es decir, a cuántas personas infecta cada enfermo de Covid-19), se mantenga por debajo de uno durante dos semanas. Además se pretende que se encuentren libres el 50% de las camas UCI y que los ingresos hospitalarios por coronavirus no superen el 30%.

 

¿Es la mejor opción una desescalada gradual y asimétrica?

Algunos expertos creen que la desescalada debe ser gradual en el tiempo, pero no asimétrica entre territorios. «Lo lógico es buscar un escenario en el que se den unas circunstancias en toda España, de baja incidencia de la enfermedad y de baja ocupación de camas hospitalarias y de UCI». El objetivo que creen que debería ser es poder asistir a las personas con patologías con citas aplazadas debido a la epidemia y avanzar en la preparación y anticipación al posible rebrote. Creen necesario una situación que no limite los movimientos de los ciudadanos dentro del país y que exista también la capacidad y los medios para detectar precozmente a los infectados de manera que puedan ser aislarlos.

Otros doctores prefieren una desescalada gradual, dejando pasar quince días entre cada escalón del desconfinamiento. El modelo debería revisarse cada dos semanas, tal y como hacen otros países.

Algunos profesores en medicina creen que la desescalada asimétrica es «la opción más sensata, dado que la situación epidemiológica es diferente en cada autonomía, así como sus características: territorios insulares; áreas rurales; zonas que apenas se han visto afectadas…».

Mayormente coinciden en que deben existir marcos comunes en los planes de desescalada y que, al menos las primeras medidas, sean iguales para todas las regiones, aunque sí podría variar la forma de materializarse.

Algunos lideres europeos consideran que hace seis semanas, la emergencia sanitaria era lo peligroso. Ahora, hay que darle tanta importancia o más al hundimiento de la economía, sin bajar la guardia.

Lo que tenemos claro hasta la fecha es que España intenta concretar por fin cómo será la salida del confinamiento. Un camino inexplorado, con incertidumbre y muy complejo, porque el proceso «será asimétrico», según la situación de cada territorio, y se hará siempre bajo la dirección del gobierno. No van a decidirlo las autonomías.

 

¿Y como ciudadanos de a pie, cómo podemos evitar que nos afecte personalmente una segunda ola de contagios y otro parón en nuestra economía familiar?

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