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Los tiempos que vivimos

Muchas veces me he parado a pensar si lo vivido forma parte del carácter de las personas, si de alguna manera puede influir en las decisiones que se toman o en las acciones que se llevan a cabo. Si así fuera, si tuviéramos ese resorte, si pudiéramos darnos cuenta de que lo que estamos a punto de hacer, en otro momento ya generó resultados positivos o negativos, cuántos disgustos nos podríamos ahorrar.

Los de mi generación, es decir los nacidos en los años cincuenta del pasado siglo (unos cuantos años ya), llevamos consigo un bagaje al que pocos han tenido ocasión de llegar. Estos sesenta y tantos años han sido el motor de un cambio y de un mundo nuevo. Se han sorteado miles de dificultades, unas veces a fuerza de golpearnos con la misma piedra y otras adoptando soluciones inteligentes, y nunca como ahora habíamos tenido la posibilidad de observación y de reacción que nos brindan el conocimiento y la experiencia.

Todos estos años han sido una auténtica revolución, en todos los sentidos, es como si los sólidos conceptos y las bases filosóficas hubieran sido metidas en una gran coctelera o, mejor aún, hubieran sido absorbidos por un gran torbellino. Hemos pasado de: las brasas de la Segunda Guerra Mundial a la “Guerra fría” y de ésta a la supuesta desnuclearización controlada por las grandes potencias; del “Jipi” al “Yupi” y de éste al “mileurista” que pasando por el permanente “nini” nos ha traído al “millennial” ; del ostracismo y la persecución, al orgullo y a la celebración de matrimonios homosexuales; del machismo, a su casi superación, aunque queden “lentorros” por cambiar; de la mujer en casa, a la que se hace notar en universidades, juzgados, hospitales, etc., aunque todavía discriminada enotras profesiones o en cargos directivos; de los radiados consejos de doña Elena Francis, al divorcio liberador; de la escapada a Londres, a la clínica del barrio o a la píldora del día después; de las bodas con campanas, a las bodas con cohetes y tracas; etc.etc.… Pero también muchos han pasado del respeto y la reverencia, al desacato y al desprecio;  del honor, a la bajeza; y  de los símbolos, que para alguien como yo son importantes, a la burla y  la vileza.

Aún siendo unos niños, los tiempos que vivimos nos enseñaron cómo el mundo se había dividido en dos grandes bloques (EEUU y la URSS), producto del reparto que tuvo lugar en febrero del año 1945 en Yalta, donde americanos, rusos e ingleses (invitados de piedra) dispusieron el futuro de alemanes, polacos, yugoslavos…, del resto del mundo; fijaron las reparaciones de guerra y la situación de las nuevas fronteras y se apropiaron del poder de veto en la futura Organización de las Naciones Unidas, que se crearía meses después con una misión específica, La Paz.

Sin embargo, pudimos constatar que la Paz tan solo fue un espejismo. Cuando el poder de las masas obreras comunistas por una parte, y el del capitalismo, propietario de los medios de producción, por otra; tuvieron consciencia de sus debilidades, se inició unperiodo de tensiones y de grietas que trajo de nuevo el riesgo de una tercera guerra, esta vez no convencional sino atómica, la “Guerra fría”.

En aquellas reuniones se le dio forma a lo que se llamó el Telón de Acero; Rusia quiso asegurarse una frontera política desde el Báltico hasta el Mediterráneo que la protegiera de cualquier otro intento invasor por parte de Europa, de modo que ciudades que hoy son el punto de mira del turismo internacional como: Tallin, Riga, Vilna, Varsovia, Berlín, Praga, Budapest, Bucarest o Sofía, cayeron en el más gris de los colores, en la más triste de las rutinas.

Los temores suscitados entre ambos, con políticas tan opuestas como sus formas de vida, hicieron que EEUU viera la necesidad de generar un dique de contención en la Europa no comunista y creó el plan Marshall para asegurarse de que estos países adoptaran formas de gobiernos adecuadas a la economía proveniente del otro lado del Atlántico y sin la cual difícilmente se hubiera podido contener el empuje de países socialistas en Europa. España quedó al margen del dinero y acosada por el cerco político a su régimen de gobierno, pero con bases americanas a modo de prebenda.

A partir de estos acontecimientos todo se fue relacionando como si fueran costuras o encajes de bolillos. Nuestras vidas se encontraron inmersas en ese torbellino del que hablaba al principio. Desde el año 1945 y hasta el año 1954 se crearon instituciones como: la ONU,  la LIGA ÁRABE, la OTAN,  el  COMECON o la CECA (Comunidad Europea del carbón y el acero, 1951) ; se independizaron la India y Pakistán, asesinaron a Gandhi, Isabel II se sentó en el trono de Inglaterra (1952), murió Stalin y subió Kruschev, España acordó las bases con USA (sin plan Marshall, 1953),  se sucedieron guerras en Asia (Corea, Indochina), estallaron  guerras civiles en Grecia y en China (1946), se proclamaron las repúblicas francesa e Italiana (1946) y se reanudaron los planes quinquenales rusos.

En el año 1954, las cosas no estaban mejor, quedaban dos guerras en activo cuyo titular era Francia: la de liberación de Argelia y la de Indochina, con su claudicación y la independencia de Laos, Camboya y Vietnam – mal año para los franceses -. Los ingleses tampoco lo tuvieron muy dichoso que digamos, fueron echados del Canal de Suez por el presidente de Egipto Nasser, y parece que sus cuantiosas pérdidas solo podrían ser comparables con el actual Brexit.

Los años que siguieron continuaron con los conflictos, y hoy no hay duda de quiénes fueron “los que mecieron la cuna”, “honor” que se reparten a partes iguales el KGB y la CIA. Pero también caben destacar: que hasta el año 1955 España no formó parte de la ONU, que Rusia lanzó su primer satélite en 1957, año en el que se creó el Mercado Común Europeo y que España entra en guerra con Marruecos por Sidi Ifni, que De Gaulle y Kruschev llegaron al poder de sus distintos países en 1958, que en 1959 se consolida la revolución cubana y que el Papa Juan XXIII inició reformas en la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II, publicando en 1963 la Encíclica “Pacem in Terris” de gran transcendencia para la paz tras la crisis de Berlín de 1961 y la de los misiles en Cuba de 1963.  Kennedy fue asesinado, se resolvió el conflicto de Cuba pero inmediatamente surgió el de Vietnam en 1964, y la Guerra de los Seis Días entre Israel y la Coalición Árabe, y empiezan a mostrarse los movimientos guerrilleros en América Latina, muere el Che en Bolivia en 1967, los americanos llegan a la luna en 1969, se generalizan los golpes de estados y las insurgencias, el mundo se contagia de la fiebre guerrera, y la paz y la seguridad brillan por su ausencia.

Evidentemente, hubo aciertos y cosas buenas como los avances científicos y la inercia que tomó la medicina con la puesta en funcionamiento de las vacunas durante los años 60 y 70, y la iniciación de los trasplantes de órganos. Podríamos seguir mencionando pasos y  acontecimientos y no acabaríamos, llegaríamos a la actualidad y seguiríamos con asuntos que tuvieron su origen en estos años y que llenarían el poco espacio que me queda y no podríamos hablar del año 1968, concretamente de mayo y junio. Europa entera se volcó en los acontecimientos que se llevaron a cabo en París por obreros y estudiantes. Acuciados por el paro,  por el deterioro de la situación económica y sintiéndose excluidos de la prosperidad, algo que ha cambiado poco y que en estos días también nos indigna; los trabajadores coincidieron con los estudiantes que seducidos por el nacimiento de la “contracultura” y por el movimiento Jipi, así como por ídolos musicales como Beatles, Rollyng o Dilan, y filosófos y escritores como Joan Paul Sartre, Albert Camús o Simone deBeauvoir; criticaban el estilo de vida que se había incrustado en la sociedad a través del consumo y el capitalismo de la posguerra.

En París se miraba de reojo hacia el socialismo “descafeinado” y en Praga también, pero por motivos distintos y desde ópticas diferentes. Coincidieron los acontecimientos pero en agosto de ese mismo año Praga se vio invadida y sometida por los tanques rusos.

Todos los hechos que se produjeron llevaron a Francia, como botón de muestra, hacia un cambio que empezó por la salida de De Gaulle del gobierno, lo que significó el principio del fin de los líderes políticos que habían dirigido la Europa de la posguerra, y continuó con nuevas movilizaciones de obreros (Renault 1973) que sirvieron de acicate a una nueva forma de concebir los problemas sociales, aunque en España quedaran todavía unos cuantos años muy duros.

El desgaste de la carrera armamentística y las luchas por la hegemonía imperialista llevaron a Rusia en 1985 a la Perestroika y con ella a la apertura y a cierta relajación del sistema económico. Cayó el Muro de Berlín en 1989 y por fin el mundo respiró el mismo aire y al mismo son.

Hoy, la velocidad impuesta por los medios y por la sucesión de noticias, hace que todos sepamos de los demás mucho y mejor. El conocimiento de los otros y las experiencias vividas son nuestra gran despensa cultural, y nos debería de servir para entendernos,  para no confrontar tanto y confraternizar más, y en eso hemos de poner todo el esfuerzo. Hasta aquí hemos llegado y,  a pesar de todo, yo creo que en estos años se han superado verdaderas barreras que no han sido sólo físicas, han sido también ideológicas y, aunque quedan sus resquicios y rescoldos, los tiempos no son lo que fueron. Todos tenemos acceso a una de las mayores fortunas que no es económica pero que tiene tanto o más valor… es la información. La buena información, contrastada y estudiada,  es el bien colectivo que diferenciará los tiempos presentes y venideros de los pasados.

Todavía nos enteramos de las cosas importantes a “toro pasado”, pero nos enteramos (que no es poco). ¿Se nos puede manipular? quizás, pero lo sabremos;  la llamada posverdad nos podrá despistar, será antes o después, pero la descubriremos. La mentira, el engaño, la burla o la estafa quedarán al descubierto. No son sólo palabras más o menos bonitas, quiero creer que son certezas que no tardaran en producirse apoyadas en la cultura y en la justicia. Muchos pensarán que es simplemente una ilusión, pero será porque no vivieron los tiempos del oscurantismo más absoluto y no pueden sopesar la inercia que corre a favor de la información y la verdad.

Me quedan en el tintero muchos acontecimientos, muchos hombres y mujeres que han sido fundamentales en la construcción de todo esto y que gracias a su esfuerzo y a su trabajo hoy salimos adelante mucho mejor. En el occidente de Europa gozamos de auténticas democracias, también en España, donde pese a etarras, golpistas y algunos descreídos, está en la mente de todos como ejemplar. Hoy somos la cuarta potencia económica de Europa, juntos podemos mirar cara a cara al resto de las democracias europeas (nuestros complejos ya pasaron) y la mayoría entendemos que no se pueden dar pasos atrás, que la Ley, aceptada por todos y para todos, se tiene que cumplir y respetar.

Les dejo, de nuevo llaman a la puerta… y no sé qué butifarra se les habrá perdido ahora.

Manuel Jiménez García